Ni el yo es
tú, ni a intervalos
vences la suspensión de la herida.
Fijas la mirada
girando hasta el deleite del vértigo.
"-Fui una tigra en mis comienzos,
la cicatriz mortificada en las arterias",
revelas con los ojos tan vacíos.
¿Y el dardo de oro que me hinca?
Siempre el límite en lo alto:
la cisura mordiendo
entre las rejas y el pan sumergido.
(Más valiera no salir
del dolor de este goce.)
Si habitado me ves en los contornos,
¿por qué este arrobamiento que ya enfría tu carne?
Manuel Lozano
(de su libro "La Noche Desnuda de Rostro Ciego")
Este texto inaguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de
Autor-", del 5-IV-2007 |