ES IMPOSIBLE LA CEGUERA EN ESTA CASA

...la leña y el agua lustral
Odisea, III, 429


Pantomima en la calle ardida de este mundo.
Elipses de la mendiga de Dios.
Ojos que son árboles, ojos que son vestidos,
Ojos de Anne Bradstreet tan incendiados,
demasiadamente ojos.


¡Así tigre puedes reír de la artimaña!
Las corolas se cierran al atardecer,
la escarcha va floreciendo desde abajo
mientras vuela una monarca en el bosque de abetos,
y veo las voces -ancladas- al fin
en un desierto de sal:
Es mi último día de la creación.


¡Así Cristo puedes reír de tu infierno!
La noche inmensa trasluce con su brillo,
deletrea una nube en la gota de sangre.
¿Pero qué escribe entonces la desnudez
de la tormenta en el dédalo de tu herida?


Todos los lobos golpean estos vidrios.
En el estanque muere el pequeño leviathan
con que jugaran los hermanos.
¿A qué fluír en la cuchara
el verde jarabe que se esfuma?
Todas las tigras ocultan el fruto.


Divina tiniebla,
es imposible la ceguera en esta casa,
es decir en este río,
agua que carcome y nutre, fascinadora de intemperies,
todopoderosa en la hierba marchita,
agua que estalla y sopla por tu sangre,
velamen oscuro en un ala tan fosforescente.
¿Desearía ella ser también la noche?
¿Reclinaría su música hasta el rocío?
Agua de los días por venir.


Manuel Lozano
Buenos Aires, mayo de 2009


(Este texto principió la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-", del 7-V-2009)

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