ARCANO DONDE WILLIAN BLAKE MIRA EL INFIERNO

 

Para Alina Gandini

¿Y fue el jardín lo primero que labraste,
una mansión de excesos donde cultivar la naúsea,
así: hasta en los ojos?
La realidad crece, como una aparición o una cascada
crece.
 
 
 
Estás arboreciendo, obstinado tatuaje.
Un ángel de palabras se esconde en el ombú
donde había zorzales, trineos rotos,
un áncora de perdición
para el bautismo de la hijastra,
mentiras y furores,
y también la esfinge vanidosa
como una tristeza.
 
 
 
No te prometo la culpa.
Vomito un padrenuestro de pavor en esta fiesta.
¿Ves el agua lujuriosa que lastima?
A eso he venido.
 
 
 
¿Pero qué casa es ésta?
¿Qué traje para alquilar insomnios?
¿Pero qué íntima revestidura?
El canto sueña con el canto
y abres tan lentamente la boca
para decir la Historia Natural de la Herida.
 
 
 
Vasto teatro de los deslumbramientos:
barajé sequías y artimañas,
bebí del fuego de mi fiebre en fuga.
¡Estado de gracia, no hablarás del dios bufón!
¿Desobedece esta música,
se clava en el cerebro
como el primer latido del resucitado?
 
 
 
Ningún maleficio te convierte en jaguar,
pero la tigra es sanguinaria.
Espera el trapecio como un acróbata oscilante.
Hace con un agua de alucinación y la caliente piel de chinchillas
un jardín musical sobre las tumbas.
 
 
 
Manuel Lozano
Buenos Aires, mayo de 2009
 
 
(Este poema inauguró la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del 28-V-2009)

 

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