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Traigo la luz a este
asilo de amargura
aun cuando las bocas
de un sueño hayan mordido
las entrañas del
animal que labra su historia,
y sea el día menos
día,
y no me reconozca
con esta piel y los huesos.
¿Habrá escisión en
la frontera?
¿También
conocimiento
para quien fue
amordazado por sus padres lobos?
¿El señor del cielo,
del rayo y del aire,
criatura cierta en
paraíso de deleites?
Y llega despavorido
el ataúd.
Manuel Lozano
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