INCRUSTADO EN EL VUELO


¡Disciplina, cómo sangras!
René Char, Hoja

 
Porque desde el porvenir te marcaban un destino.
Porque en la tierra hubo carne de memoria.
Porque el viento sucede.
Porque este cráter de hilos negros
organiza un teatro para vaciar los corazones.
Porque en el grito adivino el exorcismo de la lluvia.
Porque la fiebre y el trueno
pertenecen al reino de la maravilla.
Porque el colibrí es una eucaristía de plumas.
Porque de mí mismo y del otro
transfiguro la sal desnuda que vendrá
desde lo alto.
Porque una telaraña en un palacio
es también tu dédalo.
Porque dondequiera que vayas
atarás el rugido al gemido,
pantomimas del cuerpo.
Porque apagarás la vela del simulacro.
Porque apagarás la vela de toda certeza.
Porque me alumbran los detritus de la jungla;
me conjuran a ser, me sobreviven.
Porque desesperarás gangrena tras la palabra.
Porque el juego -perfectísimo objeto indestructible-
labra una encendida aventura de suprimir el tiempo,
quiero decir de suprimirnos.
Porque el peregrino descubre un trapecista
coronado de espinas en cada nacimiento.
Porque en un intersticio calumniado palpo la música.
Porque la furia y la fiesta habrán de unirse
alguna vez en el éxtasis.
Porque un violín vela la muerte
de los recién llegados.
Porque lloras sobre tu cadáver
y no hay cerraduras.
Porque los ojos ven en los ojos
la historia natural de la herida.
Porque sólo hay puertas para entrar.
En el mismo jardín, impuro y fascinante,   
cumples el rito de pronunciar:
El espíritu es un tigre clavado en cada corazón.
Sus primeras palabras siguen siendo
Hágase la luz.
 
 
 
Manuel Lozano
Buenos Aires, 3 de mayo de 2007

Volver

 

 

Copyright © 2006-2013 EL ORO DE LOS TIGRES