Por la gracia lo recibísteis, dadlo por la gracia.
Mateo, 10-8
El poeta sale de su cuerpo.
El poema sale de su cuerpo
con una ofrenda de astillas en esta Lupercalia.
Le hablo a tus noches
desde la rota fidelidad de la muerte.
¿Quién te olvidaría, desnudo antifaz de ,
aferrado a las balaustradas del vértigo en ascenso?
Va a llegar, va a llegar.
El viento finge su declive y su úlcera.
Guardo el fuego que vigilas.
¡Ahora la danza, la hermana supliciante!
Vienes, como de un sueño,
a desposeerte de reliquias.
Las limpias,
las raspas,
las vomitas,
las sumerges.
Llueve mi encendida leyenda, así,
nada más que este sangrado remordimiento
en la serena llanura de los potros.
Va a llegar, va a llegar.
¿Insondable inocencia en el del infierno
que traes y que olvidas?
¿Ataúdes y bañeras para un cuerpo que sangra?
¿Viejas risas dispuestas a escribir su aleluya?
¿La heroica juventud de Rimbaud
como aguinaldo para
Entonces llego al lugar de la unción
que fue del desperdicio.
Me ofreces
para despertar a la sed.
¿Aun me abandonas con el tañido de cruces
en la ponzoña de una piel de Erinias?
Vueltas y más vueltas por el fuego celeste.
Profetízame la fiesta que se derrama
en los umbrales del comienzo.
Biombos y criadas cantan su grito.
Esta luz debiera enceguecerme.