¿Y cómo se separaron los caminos y se cubrió de sangre la
cisterna?
Durante siglos clamé sobre el basalto en ruinas,
velado el rostro en babas, cautivo de la tempestad
que invade los andrajos.
¿Está el siervo a punto de exhalar
una palabra maldecida hasta el delirio?
Lo sabían las piedras, las ungidoras, las depravadas,
sin más atavíos que un trapo de Medea
incendiado en la piel.
Moras y permaneces donde el vuelo comienza.
Su corazón oculto se extravía
cuando un ojo absintio quiere adorarme,
pero yo un busco un chal mutilado entre las sombras.
¡Ah, la luz sollozada hasta en el vientre
cegador en la vejez de tus padres!
Calco de este mundo (criba de sus exploraciones),
un colibrí descansará en la mínima corteza
que distancia el ahogo del grito.
Insinuaciones.
Pantomimas de la seda sobre el cristal.
Adamantina y escarlata ciudadela
donde te arrodillas
a la verdad oscureciente de los siglos.
¿Por qué aplauden entonces,
a qué Jardín de Hespérides aplauden?
¿Hay un éxtasis de frío
debajo de una aurora de musgos?
Se cerraron los portones.
Así hubiste de entrever
esos albergues que contienen el mar
en la pepita ígnea de mi boca.
Probaste el vino hambriento en un establo:
agua después de un agua de adiós.
Te jugaste el reino con los dados de piedras,
tu feroz mercancía lamiendo desde el porvenir.
¿Qué harás con el sangrado otoño
trapecista de la cuna más tardía?
Esperas el rayo que te parta,
la inútil lágrima brillando en los pliegues
ya para siempre heridos de dureza.
Déjate dormir por las malandanzas
de la vieja peregrina nacida del pantano.
(Yo en tú en nosotros en carne de vacío.
En lujuria de vacío
comes la máscara de tus demonios.
El vacío estallará. Tiene un olor antiguo.)
¿Cuando sueltan los caranchos
tan blancos de llorar sobre la soledad sonora?
Jaipur en mármol negro, Khajuraho de los siervos,
Micenas y Agra en la memoria de mis fauces,
Varanasi del silbo que entristece,
Kathmandú ascendida entre caballos de júbilo.
Alguna vez seremos piedra
en esa desmemoria de todo y de todos
y ninguna invocación vendrá en tu ayuda.
Manuel Lozano
Buenos Aires, marzo de 2007
(Este poema principió "El Oro de los Tigres -Comunicación de
Autor", de Manuel Lozano, DEL 22-III-2007) |