WALTER PATER

 
Hablabas de la emoción. Tan desgarrado por las dinastías del enigma, juntabas los desperdicios sublimes que el sol nace y descubre al contraluz de la pérdida, otra pérdida.

   Era el pensar. Era toda la profanación de tus años como un crimen movible: hembra y macho incrustándose en la forma de un niño hasta comerlo. Era un emperador lunar en la soledad de los prostíbulos. Eran los perros carniceros que persiguen mis huellas. Era el hermafrodita llevado en su carroza y adorado como un dios musical. Era Miguel Angel, poeta, crispando tus yertas flores de áloe. Era mi abuela -la tigra- bebiendo las aguas lilas del suicidio. Era Leonardo, fijando para siempre el rostro del Nazareno y el de medusa. Era el abrirse de una raíz en la tumba de Apolonio de Tyana. Era el fósforo, la cal, el desaliento. ¿La indeclinable larva de las vírgenes?

    Escribo sobre la emoción con cuchillos envenenados. Pasa una muchedumbre junto a las alcantarillas. Mírame. Incluso la lluvia puede parecer una fiesta.
 
Manuel Lozano
París, noviembre de 2003

 

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