TRIBAL
(o una bandada de grullas vuela hacia el sur)

Para Carmen Real Prado

 
Vuelvo a la cena de cenizas donde las comensales se duermen con la última cara inmune a los presagios. Todo fue visto desde antes de la luz, desde Bet-el, desde el hueco. ¿Qué manantial de tus llagas esfuerza el poderío y alcanza el ánima amadora en lo terrible?


Esplendor aun en los alambres. La noche de verano danza sin fisura en las migas de un plato ya caído al borde de este velo, fiebre talada. Un aire de Verlaine hace brillar los objetos que bendigo. Habiendo llegado, para conmover la sangre debo hundirme en las raíces de una piel que tiembla. El grito tiembla -lo susurras y lo palpas-, tiembla con las chinches del reino de lo umbrío, con sus sepultureros, con la mancha de humo tan rojo deslizándose a la fiesta.


¿Y es sacratísimo el frío de las zanjas, donde trasvaso y repliego para ovillar tu gesto del principio? Alguien nace del corazón de la lluvia y pregunta entre las lápidas. "-¿Qué fue de éste y aquél y sus industrias de musgo viejo y arrabal hermoso?" "Alfiler en la grieta, ceniza que se enfría."

Llórame en la lluvia el pequeño asesinato de mi hijastra que es mi madre. Entonces su calavera duerme con un lobo hecho de telarañas en mitad del desierto, pero la reina está asilada en los ojos. De las borras del antiguo salto viene la depredación y la dicha: estrujada desnudez viviendo lo que de muerte sabes hasta alcanzar el hambre carnicera, cantadora. ¿Desierto en hueco? ¿Thebaida en palabras, sumergida con palabras hacia el jardín anterior a la palabra y su fuego descendente?

Nombro las promesas del misterio. Así, locamente remonto las selvas de esta voz que labra voces en la alianza de la herida y el trueno. Son los disfraces arrancados a las tenues quemaduras del infierno por pudor. Lo que derramas es cuchillo. Hilos de apariencia sobre un sortilegio alumbran desde abajo.
¿Serás transfigurada a la obediencia en el fondo del iris imantado de una tigra? Díganme el murmullo escandaloso que hierve bajo la mordedura de la arena.

Hablamos de Babel antes de la confusión y las pestes. Hablamos de los ríos separados (al fin) por el viento venerable. Hablamos de una lúcida criatura nacida de su caliente sed en enigma. Hablamos de un dios blasfemo que anida en las cortezas de razón. Hablamos de lo visible, es decir el absorto, el inmundo, el implacable. Pero no, él no escribió en alabastro estas palabras. En las cáscaras de niebla que va dejando la plegaria nos murmura: Lo que les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a la luz del día; y lo que les digo en secreto, grítenlo desde las azoteas de sus casas.

Arrojarás la sal en el vértigo. Magnífica pedigüena en el cráter del vuelo, hija de la enguantada aventura de rozar lo inamovible, comerás de tu máscara de enjambre, ya que la aparición sucede siempre por delante del gozo.


Manuel Lozano
Villa Santa Lucía de Syracusa, febrero de 2007

(Del libro "La Rueca Dorada"

Este texto inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", correspondiente al 15-II-2007

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