RADIACIÓN DE UN AGUA PROPICIATORIA HACIA LEONORA CARRINGTON

 

Para Françoise Roy

Estaba maldiciendo el insomnio giratorio,
estaba despojándose del resplandor sobre una telaraña.
¿Qué temblor ha de matar al hijastro con boca de perro?
Hasta una plegaria podría traicionarte
en la noche de acción de gracias:
Oh los dados de la cópula
y los soles de otra anunciación.

¿Qué ves por ese llanto,
qué perfección del gemido?
Comienza la lluvia purpúrea.
Monedas de pan germinan del desecho.
Te imagino herida, caliginosa, rabiante
con ese perfume soplando desde el muelle
hasta el yeso de tu esclavitud.

La mirabilia busca un sudario.
¿Arden aquí sus maldiciones?
Guantes que nacen de la ciénaga, que trafican
el negro rayo del jaguar,
guantes nocturnales, de aire acariciado,
de brumosa jungla sumergida,
perdónenme si sangro en esta casa.
(Perdónenme la sangre y mi boca de lobo.)

Yo digo que este país es una úlcera,
yo advierto: desgraciado aquél que roce
con la mano la resina de este país,
cantas en la memoria de Césaire.
Debajo de la herida, cantas.
Cantas para alumbrar el tu río
-manso y descendente-,
allí mismo donde hay pascuas de sangre
que no bendicen, que lamen tu costado.

Manuel Lozano
Buenos Aires/Villa Santa Lucía de Syracusa, abril de 2009


(Este texto inaguró la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del 23-IV-2009)

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