GIRANDO EN ASCENSO

 

a Iván Humanes Bespín




Digamos cuál es la frontera.
El oro hierve en la heráldica del cisne.
La transfiguración viaja de la línea hasta el corpúsculo,
estallándose en la febril claridad
que nadie ha visto con lágrimas humanas.
Has recogido -así- un perro llagado
entre los filamentos de la raíz
como si el corazón se usurpara de injurias.
Las uvas venenosas, la crin amortajante de la locura,
el mineral que suplica por la piel ausente,
pasan de cerca en el río fósil.
El perro fosforece, burbujea, vigila misteriado,
y apenas late en las curtiembres donde rompes
la maternidad de la herida.

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Dijiste cuáles son los guerrilleros en la alucinación.
Apostados donde el altar hundido por la clavícula de ascesis,
comerán la fatua ceniza, noche a noche,
la viscosa.
Ni esfinge tornasolada ni choza lacustre
alzarían su piedad en el adiós tristísimo de una memoria.
Se pudre el ancla.
¡Nómade lascivo, corazón reverberante, entrégame
tan mínimo a la fiebre!
Borrasca,
el cadáver que gotea como un trapo de piso


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Dijeron el presente desmontando bocas como un maniquí.
¿Viste las amapolas negras de la predilección?
¿Lamiste la falsa mitología del diorama espectral?
Unción en la comarca.
Lluvia apenas sobre el mundo:
así escuchas en mi aliento el cuerpo de la espera.
El silencio escribe su cerbatana, desatina.
Debajo de esa pelambre está la especie.


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Digo un oráculo de resinas en que aurolea
la biografía del insomnio.
¡El príncipe bailarín y agrietado
no alcanza entonces el tablón del patíbulo!
Vi nacer este bosque.
Iluminado por el grito a través de mil años,
siempre exhala un hijo del sacrilegio.
"¡No hay después, no hay después, no hay después!",
un estrago de agujas velará por las nalgas.
¿Hasta qué obediencia?
¿Qué ráfagas, pero que demolición?
¿Por dónde los bisturíes
en la orquídea de tu isla extraviada?


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Di esa cobra hasta el principio,
dila con cuchillo obstinado por las venas.
Un panal de sangre áspera absuelve la figura.
Altillo con forajida luz y desfondado miedo de arcángel,
en la carroza mana una pocilga trístida de risas.
¿Por qué prometiste un telar para este anfiteatro?
Aúllan desde el muro.
Heredades donde enfurecer el silencio
detrás y dentro y como un soplo
inagotablemente en celo de una hoguera,
suben con desprecio -ya suben- por la máscara.


Manuel Lozano
Barcelona, fines de junio de 2007

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