LA IDEA SOBRE EL HIELO SECO

 

Ingmar Bergman y Michelángelo Antonioni, in memoriam

Hoguera y éxtasis,
alguien cruza el bosque y ha olvidado el principio.
Los dioses elementales apenas fulguran
por los patios secretos, por las puertas que llaman a otras puertas,
por las celosías, por el vario instinto de la traición,
junto a escalones y cántaros donde bebes el veneno de la especie
y aúllas,
sabes muy bien cómo se aúlla de este lado.
¿Y qué es el principio?
Es un tornasol que late en nuestra piel, que lastima
cercanamente en la boca de Teresa.
(Yo lo lamí, violeta hacia el dorado, en su casa natal.)
¿Y por qué estos frutos?
Tan sólo por el agua de tu boca en suspenso.
Crudas pieles, estos cuerpos escriben
desde el rasgueo de la profanación su Terra Incognita.
El aliento de una tigra
va creciendo entre los nardos
hasta los pies casi invisibles de esta Virgen de El Greco
que vieron los ojos humanos de Santiago, el peregrino.
En la cima una cruz es la navaja del cielo.
Rojo sangre descamado cayendo del tapiz
sorbe una pastora masacrada, cómplice del mundo,
pero tal vez demente.
¿Resplandecerá la idea sobre el hielo seco?
Un niño se refleja en un charco del baldío.
Está lleno de viento y de luz.

 Manuel Lozano
 
París, julio de 2007/Buenos Aires, agosto de 2007


Este poema inauguró la emisión de "El Oro de los Tigres" correspondiente al 2-VIII-2007

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