Marfil, maderas, resina, trozos de espejo; los más diversos materiales se unieron azarosamente para convertirse en un pequeño zoo imaginario. Llega y converge con los retratos de Borges, uno y múltiple, antifaz derritiéndose para develar la cara como una minuciosa cartografía del porvenir que ya está con él, con nosotros.