LA CRIATURA SUBLIME
                       Para anunciar esta posesión por la Alegría,
          esta posesión tiránica del mundo.
                                                              Eduardo Jonquiéres, Permanencia del ser
 
Porque la sed no se purifica
sino en certitud de hoguera:
la que ves dadora y terrenal
cuando clamo en el bosque.
¿Cuándo fue la aparición?
¿Que te robó de la herida tanto escalofrío?
Profetizabas al hombre de seis alas llenas de ojos.
Sin disimulo, carnal en la hojarasca,
avergonzabas un cáliz de traición, rociabas con sangre
por los sótanos perversos del esclavo.
Ahora bien:
¿Qué indagaría la música del rechazador de inmortalidades,
Odiseo esqueleto, Odiseo ciénaga, Odiseo lámpara
para enrojecer la mansión inconcebible?
Aguamiel por las frías estepas.
Sábete que iré a llamarte con señales
como lenguas de ácido fingiendo cinismo,
como cuchillas del dios payaso,
como tribulaciones que huelen a flores de poyoma
muchísimo antes que el corazón.
Gritabas.
Un dorado kerigma nacía del hambre.
Gritabas como una perra.
Subías hasta las manos espinadas
a revolcarte en luz como aquel peregrino después del infierno.
¡Ah, la mínima distancia entre relámpago y fiebre!
Lamías el grito: lo profanabas.
No puedo ahora sino aguardar el aliento
cuyo secreto nombre se ha perdido en la tierra.
Caminé por estos ojos raíces de talauma celeste
cuarenta días y cuarenta noches.
¿Letárgico el mundo?
¿Letárgico ante una Aquisgrán llena de celosías funerarias
y el pequeño y frío antílope de jade blanco, constrictor de la imagen?
La peregrinación entra en la fiesta.
Se abre como un torrente tiritando esta piel tan parecida al amor
por la implacable abertura de universo.
 
 
Manuel Lozano

 

 

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