PREDESTINACIÓN DE UN FUEGO

Vuelves con tu espejo negro

desde el canto de las letanías

a esa vieja costumbre del prodigio.

¿Toda carne es humo?

Te reconocen en la fauna heroica,

en quimera estremecida por la piel de Santiago de la Vorágine,            

en tapiz devorado por mis larvas

hasta el cáncer que gangrena.

¿Le concedes un trono de marfil

 a tu intercesora reinante entre las torturadas?

Ah, criatura taumaturga de la tribu,

¿quién te hablaba de fastos aquí?

¿Adónde tu Pentecostés y el vómito claustral?

Palabras cayendo de corazón en corazón:

es sabido del crimen suntuoso

en el teatro de los prisioneros.

¡Qué es un aquí,

pero qué es un aquí!

 

 

 

Subías como supliciante por las formas de este mundo,

-apenas disfrazado, unigénito apenas-

hacia la velada Emaús de mi alarido esplendor:

 

 

desnuda Emaús hecha de astillas.

 

 

 

Manuel Lozano

 

 

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