Si me ofreces la
sangre,
¿qué salto al
vacío velaré
por el que
predice figuras cortadas con cuchillos
en la triste
navidad de diademas?
Si me ofreces la
sangre: humo, vibráfonos,
ataúd lleno de
clavos resplandecientes,
campana,
maderas de la calumnia,
perplejo metal
en un arca lunática y lamosa.
¡Enlútame, sucia
hija del crimen
como enlutas a
tu pobre madre en esta noche!
¡Despréndeme las
joyas por las alcantarillas!
No salgo de este
cuarto
pero me
arrastran las voces, a borbotones
las cachorras
del asqueroso tiempo.
He venido a ver
mi brillante mansión.
Hundiéndome, sin
embargo,
me descrucifico
en una esfinge.
Manuel Lozano
Buenos Aires,
marzo de 2008