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Otra raíz, otro
dolor,
otro lujoso
andrajo
cuando el solísimo
dibuja desde la espesura
el centro del
bosque.
Preanuncias por
vivir
lo que de muerte
nace en silencio.
¿Qué nupcias
devoran estos lobos?
¿Es el principio
de la herida
esta música que
desciende y asciende
sin reposo en
medio las aguas:
sin principio y de
amor desnuda?
Por todas partes
llueve a la intemperie
un alma gritando
un corazón,
devorando su
noche.
¿Pero con qué
intención la lluvia,
esta lluvia -mi
lluvia, tu cómplice-
acepta la cruz,
bajo el sol,
como una llaga?
Muestras tu
lastimadura.
Rocías de sangre a
la extática sonámbula
y sus hijastros.
Tajeas un viento
encendido de desobediencias.
Un saxo es
una raíz
y sopla en Gracia
allí mismo donde quiere.
Aventurándome a
los exilios del mundo,
grangreno el
deshecho antifaz;
lo llevo lejos,
muy lejos.
¡Entonces crece
ahí la casa que esperabas!
Un saxo es una
raíz
y ve la señal de
las espinas,
y estalla la
pobreza,
y enjuga tu
rostro,
y escucha el grito
como si llorara
luego de la muerte
la palabra sin
velos.
Manuel Lozano
Buenos Aires,
abril de 2008
(Este poema fue
leído en el "Ciclo Grandes Creadores Argentinos (Homenaje a
Bernardo Baraj)", del 3-IV-2008) |