SONETO A NICTÁLOPE

Juguete, animal con rostro humano,
¿desde qué ojos ves la luz de este día
blanco de soledad en su agonía,
redimido y brutal de lo cercano?
 
 
Escucho un crepitar cuando me alejo.
No debo despertar. Algo está ardiendo:
El sueño es el umbral que vas muriendo
aquí, entre mis huesos. No me quejo.
 
 
¿Cómo saberse luz que sueña el mundo
por una oscuridad tan blasfemada,
baile de azar, Señora de las Pestes?
 
 
Candiles de temor has encendido
como la extraña niña en su morada.
Acércame a ese sol. Estás herido.
 
 
Manuel Lozano
Buenos Aires, abril de 2008

 

 

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