Desde la cumbre
veo los sonámbulos, la lepra
descascarándose
en los antifaces
a punto de rasgar
la verídica
senda de la usura.
¡Morada de tu
sed!
La taumaturga
alivia las penas del cordero.
¡Los
desahuciados!
La corona
sublime vela por el sacrificio.
Debajo de esta
fiesta no habrá espejos ni heroínas.
¿Qué traición
mortifico en los maderos de Judea?
¿Qué rosa
claustral abriría después de las llagas?
¿Hasta dónde el
amor de todas las tristezas
turbado en
muerte, poseído?
Fui llamada
criatura
y testigo fiel
y comí de mi
hambre.