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Comulga en carnavales de sangre la hembra anciana,
saborea su presa, crujen los huesos.
Depravada poesía,
¿qué abjuración para tus hijos?
Dios antílope,
los cachorros comen de tus ojos
y es preciso saber.
Es preciso sangrar como un ángel.
¡Es preciso vomitar un padrenuestro de pavor en esta fiesta!
Palpo un cáliz
(sin preguntar, vacilante
cuando me sé fantasma entre las muchedumbres.)
¿Mendigas por el cuerpo que huye y sus dominios,
por la pequeña daga de una letanía
hiriendo relámpagos?
¿Cuál es el falso diamante que oscurece?
Es preciso sangrar como un ángel.
¡Es preciso vomitar un padrenuestro de pavor en esta fiesta!
Los cachorros están preparados.
La luz dorada, cenital,
baña sus pieles de intemperie.
¿Hasta dónde tus soledades fervorosas, tigra poesía?
Veo al títere.
¿Por qué -entonces- el titiritero?
Es preciso sangrar como un ángel,
oscurear tu oscuridad:
tal es la puerta de toda maravilla.
Manuel Lozano
París, enero de 2009
(Este texto principió la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del 21-V-2009) |