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¿En un arco de
violín
transverberado por
el salto final?
La semilla desnuda
siembra en el desierto
un árbol de
vidrios y alabanzas
que aguarda con
temblor el diluvio.
Las artimañas
vuelven de la tristura
con el velo del
pacto.
¿Qué aparición?
¿Eran idólatras en
la plaza de marionetas
hablando de mí
cuando no estoy?
El azar sopla y
desconfía.
Muestra las falsas
joyas de la profanación.
(Ciénagas y
alaridos, el trueno embebe
a un pájaro
abierto
con la escritura
de alambres.)
Vimos arrastrar la
pobre humanidad
en mínimas
ausencias de infinito,
calentar las
legumbres, lamer los huesos
como sólo la
muerte, y acaso después,
del perro en
llamas.
¿Miraste la
mansión bajo el eclipse,
con el gozo del
asco la miraste?
Miraste la mansión
bajo el eclipse.
Un dibujo del mundo ruge
desde lo cautivo,
bordea la palabra,
ensucia la palabra.
¿Ese es tu reino,
tigra imaginación?
¿Quién te encerró
en espera,
en roca de
tropiezo hasta el deleite?
¿Subsistirá la que
durmió en Lilith
despertando en
Calígula?
Burladores,
rehenes del vuelo:
el hombre regresa
siempre a su vómito.
Los elementos se
afiebran en relámpago, allí,
como altares
saliendo por la boca.
Pero te anegas en
agua bautismal
para nacer con el
grito.
Manuel
Lozano
Buenos Aires, mayo
de 2008
-Este poema
principió "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-",
Ciclo "Grandes Creadores Argentinos", Homenaje a Víctor Chab, correspondiente
al 29-V-2008- |