FEÈRICO

Para Claudia Fontaíña González y Eduardo
Luis Martín Ascheri Moyano
¿Qué contorsionista llegaste a ver
en la maléfica heredad
corriendo y corriendo
por la siesta nocturna de esta fotografía?
En las Termópilas gritaste
todo es mudanza y misterialmente.
 
  
Prisioneros del oro, un psalmo,
la memoria desgarrada de Edgar Poe,
la memoria desgarrada de Lao Tsé,
la memoria desgarrada de Lester Young.
 
  
¿Cuánta solitaria desfloreciendo
en el hielo que todo humo
ocultaría a tu aullido?
Deja que te recuerden por encima de los ojos,
en la más ceguedad, la más exasperante
del enigma.
  
 
Luna detrás de los ficus morados.
¿Sólo un resplandor
-como caligrafía insomne de la fiebre-
sobrevive a Charlie Mingus
en la noche del tercer cielo,
arrebatado y andrajoso rehén?
 
 
 Dénle de comer a esa medusa.
¿Crucificarían de nuevo
los tentáculos, los dedos que se aíslan,
la aurora que engendraste
en la noche del cuervo?
Mis queridas criaturas,
¡es un parque de diversiones!
 
  
Ruego por el jardín acosado de memorias
como Pía de ´Tolomei,
agasajada reina en el claror de su matanza,
coronada en la muerte.
Subirá  la desnudez
de musgo a lluvia, de nemoroso espectro
a roca de agua viva.
¿A quién culpar después del infierno?
¿A contraluz este mar, el cómplice, el acíbar,
la carcajada del principio?
 
 
Acércame, pádreme, mádreme
cuando hierve en el cerebro
la miel sin velos de este arca.
 
  
Manuel Lozano
París, diciembre de 1996/Buenos Aires, agosto de 2008
 
 
(Este poema inauguró la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", cuyo título fue "Lawrence Durrell y el Tao: ¿Ojos de la mente?", del 21-VIII-2008)

 

 

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