CARTA A VINICIUS Y TOM JOBIM
 
Queridos, siempre queridos amigos:

El mundo, o lo que tan previsiblemente se llama "realidad", ya no es el mismo. Las verdades de la poesía se han escondido, acaso por vergüenza, acaso por pudor, acaso por asco, en las grandes ciudades.

 Ver un cuervo es rarísimo en estos tiempos, aun entre las tumbas. Casi no hay niños felices: se les desterraron hasta los juegos, y sus padres prefieren enseñarles inglés a partir de los tres meses ("para ir acostumbrándolos", les oigo decir"), como si esa práctica garantizara una futura e indubitable genialidad.

 ¿Qué menos que una carcajada para conjurar la necedad de estos años? ¡Qué novedoso el latinismo "estulticia", tan amado por Tomás Moro! Si hoy existe un elogio, ese elogio es, sin lugar a vacilaciones, el de la butalidad y el hambre. ¿Saben que por este lapidado planeta se organizan congresos de economía para justificar del modo más obsceno y perverso la matanza  y la desaparición literal de países enteros? Desde 10.000 dólares en adelante es el cachet de esos bárbaros especialistas, como bien los definiera Ortega y Gasset. En Argentina, nos podemos enorgullecer de exhibir un modelo arquetípico.

Pero quiero hablarles y escribirles (que es también hablarles) de la vasta incandescencia que me donan en sus canciones, arte mayor, en esta fiebre de rayo irisante que se iniciara con Chega de Saudade para siempre, para la eternidad. Esta estética y esta ética abren una puerta que nadie puede cerrar. ¿Habrá, entonces, que "oscurear la oscuridad, porque tal es la puerta de toda maravilla?

 Siguen en nosotros. Siguen en mí que soy nosotros y el tú calidóscopico de Arthur Rimbaud y de Ungaretti, videntes de lo por nacer. La tigritud tiene hambre, pero de otra genealogía: hambre de imaginación, de enigma, de contra-ceguedad, de esperanza sin rehenes. La tigritud, la verdadera morada de pertenencia.

 Porque aunque los venerables Platón y Agustín de Hipona nos echaran de sus tierras y sus cielos, nosotros permanecemos aquí a fuerza de golpes, de conjuras, de murmullos, de gritos y de piel.

  

Manuel Lozano

Buenos Aires, septiembre de 2008

 (Este carta inauguró la edición de "El Oro de los Tigres-Comunicación de Autor-", dedicada a commemorar los cincuenta años de la Bossa Nova, correspondiente al 4-IX-2008)

 

 

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