ALABANZA INICIAL POR EL DESIERTO DE NIEVE

Para Matías Cravero

Felices los que vuelan sobre sus palabras,
porque el vuelo late sumersión y resplandece
aun como el iris del búho entre las ruinas.
 
 
¿Pero quién se desvive monstruo en los alambres de mi nacimiento?
¿Qué hendijas de carnaval
puebla una tumba selk´nam y trabaja en la muerte
la anhelada cena de cenizas?
 
 
Felices los que brotan en aguas de manantial.
Todo un hiriente mapa -absolutorio de apariencias-
regresa en la mansión de esplendores.
La vasta nieve se regocija por la luz,
desangra al fin en una lágrima
el pan huraño de los ciegos.
 
 
Felices los que no creen ni comen de los frutos de amargura.
¿Era éste el jardín que prometía tu fantasma, el llagado,
el ausente en borradores de universo,
el paseante de túnica lila diciendo adiós, nada más que adiós?
 
 
Felices los arrebatados al éxtasis perpetuo.
Con rumores de un nirvana de leopardo,
hay un baile inquebrantado en estas azoteas.
Zozobran las crías.
¿Tiemblan las potestades?
Él vuelve como ladrón en plena noche.
 
 
Felices los pacientes que aman amar el amor.
El viejo Basiliv Achimovisk, yugoeslavo, solía decirme:
-la paciencia es un roble de raíces tan amargas,
pero da los mejores frutos.
Ahora soplo en la nieve
una puerta de sed, preciosísima.
La luz se reencuentra en la luz
para la posesa bendición del suplicante.
 
 
Manuel Lozano
Ushuaia, ciudad del principio del mundo, septiembre de 2008
 
 -Este poema principió la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-", del 25-IX-2008-

 

 

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