JUDY GARLAND LAME CON SUS OJOS UNA TIGRA DE ALABASTRO

 

¿Quién contempla esa mirada
-celeste sombra odílica-
y la devuelve hoguera,
viento rabioso?



Un oleaje,
un alentar de somnolencias,
un tiernísimo y breve juego
entre dos inmensidades.
¿Era esto lo que pedías?



Un rayo de cenizas
se pliega a mis pasos y te asusta.
Es el arpón que arroja la incandescente.
La rapsodia hace una ofrenda
por la admirable luz cayendo boca arriba.
Peregrina encarnada, encarnándome,
peregrina encarnada en el altar desnudo:
¿así me devoras la sangre preciosa?



De perfil, ese graal
hurga su soledad por las rendijas
de la tela.
No te arranques al presagio ciego
que crece con los muertos.
No me mientas con tu verdad de ensalmo,
no me mientas.



Un esqueleto de tigra brilla a la intemperie.
Quisieras entregárselo a los perros,
pero la carne está resucitando, deslumbradora.
Ahora sube, se desprende, estremece,
y tiene nueve años.



Diríase que un pensar inflama el iris.
En el cendal raspa el rugido.
La tigra juega a besar las cenizas
de una devota tigra de alabastro.



¿Verá en el centro de la esfera
la boca poseída de Seraphitus-Seraphita?
Escala aberrante todo signo de este mundo.
Lo sabías desde la luz
de tu infierno amniótico.



Manuel Lozano
Mónaco, junio de 2009


(Este texto principió "El Oro de los Tigres-Comunicación de Autor", edición temática "La música como dramatis personae en el cine: desde lo diegético e incidental hasta la conciencia del texto", correspondiente al 20-VIII-2009)

 

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