PACTO DE SANGRE CON LAS IMAGINERÍAS DE UNA LINTERNA MÁGICA

Para Duilio Marzio, naturalmente

¿Cómo escribes en el ojo la entrada a la caverna?
¿A qué desvertir la evocación bienhechora que se desvanece
y regresa en un exorcismo blanco?
Sobre la tela hay cuerpos vivos,
la pasión compartida de un día de universo,
la facinerosa memoria excitada por el crimen,
la noche inicial (bárbara en el frenesí)
en que Oniria aparece como una revelación.
 
  
Pero es el salto que ha sido, de él quiero hablarte,
de esa herida desdoblándose en garganta, en microbios de la luz,
en amuleto de dientes de cernícalo,
en miasmas,
en cenit de Juicio Final.
Flaubert y Rilke amarían con desesperado deseo
sus caprichos.
¿Y las telarañas y los tajos de esta resurrección?
¿No era del salto que me hablabas?
 
 
 Ha llegado el hierofante.
El crucifijo brilla en su iris.
Un viejo muestra el luto de la secta.
Ruge el manantial,
el vasto teatro que amamanta su infancia.
 
  
Muelles en el asilo de la heroica ceguera.
Máscara, esfúmate de las prisiones del siglo.
(Aquí recibes el oro, aquí lo lloras,
Aquí embebes la Tigridad naciente de tu raza.)
Antifaz, arriesga en el crimen estos dulces placeres.
Cabezas decapitadas de un dios
vuelan sobre terrazas chinas.
(Criaturas mirarían por las ventanas todo el film.)
Vi llorar en Buenos Aires
un pequeño animal suntuoso bajo la luna.
Lo acaricié con lástima.
-Aliméntame con ojos- pude decirle.
 
 
Manuel Lozano
(Este poema inauguró la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor"-, del 20-XII-2008, correspondiente al ciclo "Grandes Creadores Argentinos: Duilio Marzio y el Cine -Parte II")

 

 

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