NATIVIDAD EN ROJO Y ORO, DE RUBENS

                              Abriré en parábolas mi boca.
Hablaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.
Salmos, 78:2
I

Has de ver al hombre bajo todos sus rostros. Has de limpiar con sangre la casa inhabitada.

II

Un crujir de dientes rota sobre tu cabeza hasta el fin de los siglos. ¿Quién es madre el que desata las redes, nunca saquea? ¿Quién es éste, tu hijo?

III

Estás allí, con las hojas mojadas por el fuego. El predestinado busca el mapa de los reinos caídos hasta donde se extiende la cosecha. La brasa rueda por el suelo. ¿Un niño coronado de ortigas acaricia el alacrán? Se entreduerme el susurro entre profanos. ¿De quién heredas el claro resplandor bajando por mis ojos? Pero levántate aluvión. Desatina la luz y transfórmame.

IV

Los elementos del mundo solar sobre una estrella.

V

Venidero es el reino que sostiene mi boca, mi cuerpo, mis fragmentos bajo la lágrima del mundo. (Extiéndeme hacia esta cofradía.) ¿Regresa a multiplicarse en relámpagos la estrella? ¿En fiebre de relámpagos?

VI

Las edades y la muerte han caído. Echarás estas palabras en el mar de cristal mezclado con el fuego, aun sin gemir por tanto agobio. Rojo contra el oro de los Reyes de Oriente.

VII

Oír las voces deslumbradas en el templo. Oír al que será decapitado en su bosque. Oír a los muchos falsarios cuando el sol se pone. Oír el balanceo de la barca de Simón, aguas adentro. Oír lo que dejo de mí en tantas pieles. Oír, en costas de Tiro y Sidón, a las legiones abismales. Oír al ángel cubierto de azucenas. Oír a los crucificados que aún no han sido en el planeta. Oír, cada mañana, la respiración de los intercesores. Oír los despojos del rayo sobre Capernaúm. Oír los huesos de la luz, transfigurándose. Oír las cenizas de Tebas y de Roma. Oír los nísperos maduros. Oírme. Es el pescador.

VIII

Gog y Magog ya dieron testimonio de ese descenso al sepulcro y de esta ascención con el cuerpo de sangre. ¿Pero quién remueve la piedra, quién rasga el velo? Y me dices: -Y allí estuve, con la lepra de mi corazón-.

IX

Procesión de puertas en mi costado. El hijo del desierto ha nacido.

 

Manuel Lozano
New York, 30-IX-2000

 

 

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