TANGO TIGRAL
 

Para Lina Avellaneda

De un río color madera claro, melena de león, a veces ocre, a veces negro,
pero siempre pardal en un ocaso rojo,
nazco crucificado hasta el dolor,
bebo mi sed, como mi hambre,
pinto de lúgubre violeta
el sexo de este tango.
 
¿Cómo llegó este puma a Buenos Aires?
¿Por qué deltas nadó -boca de mimbre-,
ojos dorados al sur de toda herida,
sumergido vuelo entre los desperdicios
y el temor y el temblor (tan insolentes)
de los vivos y los muertos?
 
La noche tirita con su barro.
La furia no conoce el perdón: te ofrece risas,
burlas, jadeos, juguetes del escalofrío.
El rostro enajenado de esta Buenos Aires
busca en otros labios la imposible piedad,
la orilla rota.
¿Sos también esta carnicería, el catecismo negro
 prisionero al sol de mis sobrevivientes?
 
De un río color madera claro, melena de león, a veces ocre, a veces negro,
pero siempre pardal en un ocaso rojo,
he de morir como mueren las fieras.
Por estas aguas ladronas de otras sangres,
ya ves volver mi piel tigral, ya la tocas:
grito de luz, vertílego alfabeto.
 
Te cuento un río abierto como un mar en la punta de mis dedos.
Te cuento un río con lastimaduras.
Te cuento un río con chispas de sucio rimmel,
concéntrico, elemental, espiralado y tibio,
dios vacío en la glorieta de los cementerios,
cóncavo en la vida de mis muertes,
pero también filoso río envenenado
con un alma en la boca.
 
Soplan entre nosotros, ardentísimas,
las garras soplan y estallan
la herida central
sobre el caparazón roído de los días.
Vengo a usurpar tu historia.
Soy para siempre el incurable,
tango de sangre y yuyos y universo.
El que arroja la trampa de un misal
en plena hoguera.
 
Entro en mí: toco la voz y está llena de ojos.
Entro en mí.
La acaricio -apenas-
como a un pequeño animal salvaje sin amaestrar.
 
 
Manuel Lozano
(Este texto inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del 12-III-2009. Pertenece al libro "Tratado sobre una infinitud que arde".)

 

 

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