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De un río color madera
claro, melena de león, a veces ocre, a veces negro,
pero siempre pardal en un
ocaso rojo,
nazco crucificado hasta el
dolor,
bebo mi sed, como mi
hambre,
pinto de lúgubre violeta
el sexo de este tango.
¿Cómo llegó este puma a
Buenos Aires?
¿Por qué deltas nadó -boca
de mimbre-,
ojos dorados al sur de toda
herida,
sumergido vuelo entre los
desperdicios
y el temor y el temblor
(tan insolentes)
de los vivos y los muertos?
La noche tirita con su
barro.
La furia no conoce el
perdón: te ofrece risas,
burlas, jadeos, juguetes
del escalofrío.
El rostro enajenado de
esta Buenos Aires
busca en otros labios la
imposible piedad,
la orilla rota.
¿Sos también
esta carnicería, el catecismo negro
prisionero al sol de mis
sobrevivientes?
De un río color madera
claro, melena de león, a veces ocre, a veces negro,
pero siempre pardal en un
ocaso rojo,
he de morir como mueren las
fieras.
Por estas aguas ladronas de
otras sangres,
ya ves volver mi piel
tigral, ya la tocas:
grito de luz, vertílego
alfabeto.
Te cuento un río abierto
como un mar en la punta de mis dedos.
Te cuento un río
con lastimaduras.
Te cuento un río con
chispas de sucio rimmel,
concéntrico, elemental,
espiralado y tibio,
dios vacío en la glorieta
de los cementerios,
cóncavo en la vida de mis
muertes,
pero también filoso río
envenenado
con un alma en la boca.
Soplan entre nosotros,
ardentísimas,
las garras soplan y
estallan
la herida central
sobre el caparazón roído de
los días.
Vengo a usurpar tu
historia.
Soy para siempre el
incurable,
tango de sangre y yuyos y
universo.
El que arroja la trampa de
un misal
en plena hoguera.
Entro en mí: toco la voz y
está llena de ojos.
Entro en mí.
La acaricio -apenas-
como a un pequeño animal
salvaje sin amaestrar.
Manuel Lozano
(Este texto
inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del
12-III-2009. Pertenece al libro "Tratado sobre una infinitud
que arde".) |