Luminares,
luminares por encima de la raíz perpleja.
No hay rajaduras en el trono sacratísimo de esta tigra.
¿A quién llamabas antes de tiempo
por las cosas venideras
y la aspersión de la sangre?
Inminente,
eco de una voz depravada hasta en las vísceras.
Vomitas un padrenuestro de pavor
y te ladeas hasta la orilla del crimen,
vas y vienes dibujando la admonición fetal:
un discurrir sonámbulo que arde.
¿De dónde llega la diáfana,
la otra infinitud clavada en los dientes?
(Matices, versiones, intervalos.)
¿Es que la herida se justifica por las obras?
Navegas por el mapa musical,
curador del mundo de la subtancia, goteante
de la más tentadora alegría.
Ser -abajo- la palabra en el desierto,
sin discípulos;
sin gorgojos;
sin la fiebre de los hospitales;
sin las arideces de tu Carpenaum de pesadillas;
sin carroñas.
Grítame cuál es tu corazón que vela.
¡Grítame!
Másticalo,
¿no era ése tu padre?
Dévoralo sin aliento, te lo suplico.
Vacíalo hasta la extenuación, hasta el asco.
Manuel Lozano
Orléans, 21 de junio de 2009
(Este poema inauguró la edición temática "Henri Matisse: la heroica vanguardia" de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", correspondiente al 9-VII-2009)