EN EL ÓVALO CLARO

(Kandinsky, 1925) 

                                                           Para Edda Díaz, porque ama amar el amor al teatro

 

El viejo animal se revuelca en los charcos.

La lluvia trae historias de ahogados

y no hay, no habrá testigos.

¿Con qué pelaje aguardo el alba de mis noches?

Extrema y extraordinaria

y con dolor tatuada,

¿en qué lindes serás la intrusa de un carnaval de piojos?

Farfulla la huésped.

Canta con escombros

para adormecer la navaja.

¡Querida criatura que hierves en mitad del cerebro,

espesura del rayo!

 

 

Risa,

¿de qué tribus comieron tus hijos?

(Risa soplo, risa piel, vidrio de una fiebre,

guerrillera sin supliciar la savia

allí dentro, entre raíces.)

 

 

Sobreviviente del diluvio,

ella juega con la intriga

a lamer la cabeza del dios en el momento exacto,

a usurpar la isla que se va entre mis muertos

vestida con la pelambre de una chinchilla.

La risa juega hasta en la tregua,

hiere insomnios, cumple esta escritura.

Díganme ahora si el disfraz

preside las sesiones.

 

 

 

 Manuel Lozano

 París, 22-X-2008

 

(Este poema inauguró el ciclo "Grandes Creadores Argentinos: Homenaje a Edda Díaz", en el Día Mundial del Teatro, correspondiente al 26-III-2009)

 

 

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