El viejo
animal se revuelca en los charcos.
La lluvia
trae historias de ahogados
y no hay, no
habrá testigos.
¿Con qué
pelaje aguardo el alba
de mis noches?
Extrema y
extraordinaria
y con dolor
tatuada,
¿en qué
lindes serás la intrusa
de un carnaval de piojos?
Farfulla la
huésped.
Canta con
escombros
para
adormecer la navaja.
¡Querida
criatura que hierves en mitad del cerebro,
espesura del
rayo!
Risa,
¿de qué tribus
comieron tus hijos?
(Risa soplo,
risa piel, vidrio de una fiebre,
guerrillera sin
supliciar la savia
allí dentro,
entre raíces.)
Sobreviviente
del diluvio,
ella juega con
la intriga
a lamer la
cabeza del dios en el momento exacto,
a usurpar la
isla que se va entre mis muertos
vestida con la
pelambre de una chinchilla.
La risa juega
hasta en la tregua,
hiere insomnios,
cumple esta escritura.
Díganme
ahora si el disfraz
preside las
sesiones.
Manuel Lozano
París,
22-X-2008
(Este poema
inauguró el ciclo "Grandes Creadores Argentinos: Homenaje a
Edda Díaz", en el Día Mundial del Teatro, correspondiente al
26-III-2009)