¿Qué más -si no tétrico-
era el color de la herrumbre?
Tampoco
acaricié las mascarillas de carnaval
con la
perversa devoción de un niño del aire.
Cráter
donde morder los frutos
del jardín de
delicias sumergido en la boca,
¡ya te
salpican las babas de esta perra!
Las manos
gastadas siguen tocando para la eternidad.
Pero lo
tétrico, hueso y carne, conspira.
Manuel Lozano