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Era la presentida,
llagada hasta los bordes
en oficios y
oscilaciones
que anuncian la
luz,
la luz que gime.
Golpean donde
encuentran huesos.
Las ánimas golpean
la ardua soledad
de los panteones
sin llanto;
golpean los
terrones de
contra las blancas
hojas de la fiesta;
golpean a este
insomne
que caminó sobre
aguas subterráneas
más rojas que el
ardor de la gangrena.
Era en el crimen
de la aurora,
despejándose las
algas de la herida.
Cantó el jardín
antes de verlo.
La locura conversó
con un niño:
Juan Bautista de
terracota.
¡Ah, el éxtasis
del pavor
junto al frío
insaciable de los ángeles!
Ataduras de sueño
en sueño de una noche.
Begonias de la
aparición.
Manuel Lozano |