YACENTE, EN LA HEREDAD DE LO PERDIDO

 

Abierta zoolatría, lánguida augural

chorreando entre panteones.

¿Qué luz se extiende ante mí,

deletrea un linaje pavoroso?

¿No es límpida la sed?

 

 

Las crines de tu llaga

me dicen el mar al que te inclinas.

 

 

Tragas pétalos de soledad.

Era tuyo ese mundo.

¿Qué semillas de ceguera

imantan en los ojos su exterminio?

¿Y la esfinge de hielo que perdura?

 

 

Las crines de tu llaga

me dicen el mar al que te inclinas.

 

 

Dibujos encarnizados

para decir la rendición del milagro.

La fábula asiste a la apoteosis.

En tu cena de cenizas embriagas

el fermento hostil de los cálices.

 

 

Las crines de tu llaga

me dicen el mar al que te inclinas.

Cruel bondad.

Cruel repliegue.

Parodia cruel del usurpado.

¿En qué barbarie legendaria

desentierras amor hasta la niebla?

 

 

Las crines de tu llaga

me dicen el mar al que te inclinas.

 

 

Infatigable, yacente, tembloroso,

entregas la máscara brotando

a la profanación y al exilio.

Las raposas quieren escarnecerte.

Pero viene de adentro la luz.

 

 

Manuel Lozano

París, abril/Buenos Aires, mayo de 2001

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