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Golpeábase
la inhibida, la trístida, la maldita
sin bautismo de luz en el incendio,
hasta lastimarse golpeábase en la jaula.
¿Es de todos ese cráter
donde arrojas el amor traicionado?
¿Va creciendo así?
En la noche de la orquídea
pintaré con desenfreno tu cara de reina
del tarot incestuoso,
ouroboros y eclipse.
Jamás este barro tajaría mis huellas,
perseguidoras de la víctima que hereda
un mundo y aún después.
¿Así carcomiste en la gruta
tu impaciencia como pequeña tigra ahogada
por la piadosa mano de Odilon Redon?
Recordabas para olvidar la travesía.
Helechos, fiebre y polen, manoseado pelaje
sobre las llagas del jardín, alhucemas,
un perfil de caníbal,
aparecen simultáneos en la gran telaraña.
Se desfoga la piel
como un latido que nunca retrocede.
La mímica encubre a los roedores en la noche,
pero la noche miente.
Los juguetes cantan
la tenaz posesión de la grieta. No.
Los juguetes rezan cuando nadie los mira.
¿Y quién tatuó a esta perra con su llanto?
Abajo está el diamante.
Manuel Lozano
-Este poema inauguró la edición de "El Oro de los Tigres
-Comunicación de Autor", correspondiente al 20-IX-2007-
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