JACOPONE, LLAMADO EL LOCO
                      A Dio demandai lo inferno
                       lui amando e mé perdendo
                   dolce m´era omne male.
 
                                    Jacopone da Todi

Con las remotas cadenas de tortura,
bajan de nuevo el pan gélido
hasta la otra prisión de mi boca.
¿Quiénes, pero quiénes son estas criaturas
oscurecidas y húmedas, estas caras regocijándose?
Un parque de diversiones silba en el cerebro,
niñas asesinas se abalanzan contra los ídolos de sangre.
Nadie ignora las jerarquías de una pesadilla,
la ardiente cal o el veneno arrojados de cuajo contra las pieles.




¿Qué hacíamos nosotros por el falso cielo?
¿Bailaba el orobio con el ridículo la danza macabra?
¿Y qué me importan esta mazmorra, estos candados, esta impostura de luz
si a Dios pedí el infierno?
Mentí para salvar a nueve hombres del martirio.
En largas caravanas de terror y de agobio,
viajé al minucioso desierto ignorante de fronteras.
(Allí me flanqueaban el camino las falsas intercesoras.)
Entré en la fiesta vestido con plumas de ave del Paraíso
y me reconocían.
Entre en la fiesta más oscura del espejo.
Calumnié a las carcajadas con silencio
y era durísima la tenue vigilancia de la piedad.
Murmuré unas gastadas sílabas por los que fui
ya en el umbral y envilecido
en el orgullo de creerme desposado
con la alta pobreza, mi liberadora.




El desprecio y las burlas han pasado aquí
como un anciano de días rodeado de juglares.
¿Hubo tal vez un perro aullando a las máscaras?
¡La feria no me exalta ni flagela!
¿Ahora lloras, inmundo y miserable hijastro de la nieve?
Lloro porque el amor no es amado.


Manuel Lozano
París, julio de 2007


(Este poema inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-", del 18-X-2007)

 

 

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