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Abjuración de la
fiebre en un país imaginado.
¿Ahora es real,
pero que
representa en este vasto teatro
donde babea el
arcoiris negro
y río sin mapas
hasta llorar en Abisinia?
Piedad de los
ojos,
en esas escamas
fuiste siempre la desterrada,
la confinada entre
los hilos de una rueca ardiendo.
Memoria,
tendré que
maldecir tu incesto, tu cruel repetición
de Medea con uñas
de tigra violentísima.
Con cada regreso,
salto de un golpe
sobre mis posesiones,
lamo la caverna
que revela insolencia
y me descrucifico.
Giro, asciendo,
vuelvo a girar
derramando sangre
donde no hubo,
donde no pude.
Es así la
bendición en bruto.
Esta marea te
devuelve a los prodigios
frente a las
mutaciones de tu raza danzante.
¡Se trasvasa el
aullido!
Nadie puede ver
cómo de un grito
abres la puerta de
la maldición y arrojas los desechos.
De caliente viento
labras una máscara.
De herida desnuda
comes un antifaz
abundoso de
constelaciones.
Regresas, siempre
regresas
a lo que heredan
estas manos.
Ayer tragabas la
noche y su éxtasis,
la genealogía
voluptuosa de una soledad
atestiguando
desierto.
¿Pero no es del
sol esta culebra esfinge
para llamar a los
muertos que duermen en tu rito?
¡A ver la
carcajada, la máscara triunfal,
transverbérame por
Dios!
Sílabas y tijeras,
canaletas
donde sumergirme
en vuelo frente al muro.
No me pregunten
por el después,
yo sólo narro la
inconclusa migración desde el principio.
Dibujo tatuajes y
los soplo
nada más que con
barro y agua de mi reino.
La que llegaba de
la nada, con su casa
de amniótico
terror a cuestas,
formó en medio de
su oscuridad
la cicatriz
hundida al centro del infierno.
Escuchemos la luz
abierta del día entre los días.
Veamos pasar las
procesiones.
¡Que se evapore el
horror
amamantado en fuga
por los matarifes!
¿Y cómo reclamarás
con este arpón de fuego
el suntuoso vacío?
Manuel
Lozano
Buenos Aires,
octubre de 2007
(Este poema inauguró la emisión de "El
Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-,
www.elorodelostigres.com.ar
correspondiente al 1-XI-2007-Homenaje a Luisa Valenzuela.)
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