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ANTÍLOPE NEGRO

Para Ana María, Eduardo Eleuterio, Ana de Lourdes y Eduardo Luis Martín Ascheri Moyano,
por la siempre daga de antílope negro de la India

 

El albor entra en la casa, subrepticio,
y todas esas sombras de ayer buscan guarida.
Axiomas del fruto y de la sed idéntica a sí misma:
preparabas el jardín para olvidarte,
reclinándote a un ávido retrato con la cara manchada
por el ácido del tiempo y sus ceremoniosas flores.

No hay tristeza aquí,
ni anunciadores del pantano,
sólo un rayo perfecto
como pantera errante en la colmena.

Efigie de negra sangre coagulada,
¿afuera quedan todos los acantilados heridos
y la más cerca soledad de la especie?
En este orbe crujiente distraerás tu historia
incierta de ocasos y de bienhechoras.
Crece la luna sobre mi cabeza.

El camino es una dádiva que dona el sueño augural
a la lucidez de su relámpago .
Ahora las hormigas invaden mi carne
como la carne del dios caído en la tormenta.
No me hables de piedad, entonces.
No me hables de renunciarme a este cielo
con un pequeño ataúd y un talismán de clavos.
Tampoco de siembra, no,
nunca de semillas amargas
para una boca caníbal.

Esta daga albergará a su huésped:
siempre hay ecos en el jardín, siempre hay ecos.
¿Y por qué pasear por este laberinto a solas,
con mi tibia máscara a solas, subiendo y subiendo?
¿Ya no he de morir como todos,
en el fondo ardiente del alba triunfante?

La sangre de esa vieja plegaria vuelve a su cueva.
La luz trepa -constelada- en espirales.
Acaricio, voy acariciando
la oscurísima claridad de esta piel.

Manuel Lozano

(Este poema inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-", edición temática "El paisaje sonoro o soundscape: repercuciones en el mundo contemporáneo - (Parte I)", del 8-X-2009)

 

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