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Con este corazón saliendo por la boca,
vuelvo a los huesos de tu barrio, Buenos Aires.
Blanco de soledad -sin agonía-,
endiablo la luz que fue brutal
y ahora entibia las ruinas de esta cárcel
donde vengo a nacer, donde debo nacer
y el rayo estalla.
Nacer
es ya morir en tu vientre de dolor
cuando una lágrima cae
y sube
por la caliente piel del extravío.
¿Me ves, llaga abierta,
juguete que hacés reír
y a nadie importa?
Nacer fue despertar
al lujo de la rabia en mi abandono.
Sí, estás aquí,
en el centro del abrazo
del temblor que sueña el mundo.
Escucho los pasos aún en la escalera:
Son mi sombra,
la llaga temblante de mi sombra,
son otra herejía de bondad
y cada escalofrío,
los muñecos de trapo
del tiempo y sus parodias,
la sed de mi sobreviviente,
las notas de un fueye que relumbra;
son la mugre de adiós
crucificada.
Acercame a ese sol, baile de azar,
Señora de los Buenos Aires.
¿Por qué la herida triunfa al fin,
siempre triunfa?
Todo en nada
como turbión de un catecismo negro.
Acercame, Dios de Ternura,
con este corazón saliendo por la boca;
decime las palabras que perdí,
mi vida tatuada en cada mano.
¿Y por qué se abre y debo entrar?
Manuel Lozano
Buenos Aires, noviembre de 2009
(Este tango inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", edición temática "Leopoldo Federico -gloria de la música argentina y del mundo -Parte I-", del 19-XI-2009)
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