oscript>
 
Y EL  CUERPO ES UN OJO DE PAPEL QUE ESTÁ SANGRANDO

 

 

Un hombre recorre, al final de sus días, una casa de campo
donde todos sus huéspedes son desconocidos
y jamás se encontrarán cara a cara.
El principio es indeterminado
-como la esperanza, tigra de esplendor doloroso,
o el recuerdo que nos aleja del porvenir y del presente,
sin la pobrísima reproducción mecánica de los inviernos-.


Todos los años el mismo hombre regresa a esa morada inicial,
arrancándose de su tiempo, de puntos de referencia,
de este carnaval rodando hasta el límite
donde árbol no es árbol, no fue árbol, no será árbol.
El canto del pirata anciano saldrá de su boca
sin apenas ser reconocido ni aun por el mar; ni aun
por la voz de Walter Scott en la penumbra
de un cuarto con olor a espliego.

¿Cómo localizar al intruso en el planeta?
¿Con qué hábito probable, en qué intervalo primitivo
donde el ojo calcula la distancia del objeto inmemorial
que quiebra este presente?

Se acentúa la visión de la sombra, pero avanza,
avanza rota entre el trabajo oculto de las células,
-tal vez multiplicando el grito misterial-,
pero siempre compartiendo la amnesia de una figura
que no repetirá el modelo insomne,
porque el astillado páramo está aquí
y será cubierto por las aguas.

Manuel Lozano
París, junio de 2009

 

 

Copyright © 2006-2013 EL ORO DE LOS TIGRES