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De unánime fervor por el velado tesoro,
habrías subido a la cumbre
con los pies desnudos temblando cielo.
Comes abrojos del agua subterránea:
la tormenta sin sosiegos donde no estuve, donde no fui.
Una capa de murciélagos dice el nombre de mi madre.
¿Qué ciego legendario
sangra por el hueco de estos ojos?
(Extendido misterio, amarillo misterio,
aspereza del dios regresante en carcajada y cuchillo.)
Peregrina en la música,
¿quién untará el cuerpo con ese aceite desusado?
Manuel Lozano
París, 2009
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Un retrato de Manuel Lozano - (Foto de Dominique Destraud, París) |
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