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APENAS LLUVIA*

a Elba Gianfelici, que ha cruzado el tiempo

 

Ruge el silbido.
Me donas el reino de una noche mínima
entre las mordeduras de las hojas.
Navidades de Valéry, sequedad del espanto.
Distancias en la casa interna de la herida.
¿Y fuera de todos, lo inevitable?
¿En conocimiento de qué ojo delator?



Se derrumba el mundo cuando llueve;
se borra entonces, apenas se desgarra
en la doble oscuridad de un aletazo.
Habrías caminado en la lava
tan sombría, tan inmensa,
multiplicada al fin en tu alabanza.
He palidecido en el blanco de ese rojo.



Cenizas que comían de tus dedos
como arañas húmedas
bajo la acorazada raíz.
La cama oculta los fragmentos
de libros que leías y poseías
en medio del naufragio.
Trozos de espejos caídos de otro sol.



¿Alcanzaría esta parábola a descifrar
el solo idioma de milagros
desde la piel a los huesos?
¿Por qué los ríos aúllan
la aletargada miseria de la sangre?
Junto al camino, en silencio,
el relámpago.



El te buscó, imantado,
entre el saldo de abrojos y la noche.
¡Siempre el error en las certezas,
el surco infeliz frente a la aurora!
Verjas abiertas para el juego.
Acabas de entrar.
Hay un linaje soberbio en esta lluvia.


Manuel Lozano
Buenos Aires, mayo/2001


* Este poema fue publicado por el diario "La Nación", de Buenos Aires, por la revista "Nave da Palabra", de Brasil (en versión bilingüe), "Bitácora global" (Bs. As.), y "Farewell-París" (Francia), entre otras de diferentes países. Derechos registrados 




"Cofradía de Tigridad" - (Foto-colección de Manuel Lozano, 2010)

 

 

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