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BADINERIE EN UN ALCÁZAR FRENTE AL DESIERTO


 

Roída de gusanos, teñida al fin de sangre,
esta boca ha comido las palabras de hielo.
El trineo rojo gira alrededor del agua transparente
como si venerara la sed del que espera el anuncio.



Las murallas se inclinan en rotación perpetua.
Los párpados cerrados dicen poco del cadáver
que usurparon los ojos y nadie resucita.
¿Quién envía a sus hijos en aúreo viaje para el crimen?



Y entonces se hizo silencio.
Después la carcajada abría las puertas maravillosas
donde escancian el vino como el sexo, la aurora,
el lúgubre placer de descarnarme en la lluvia.



Las cavernas del mundo son quemadas a tu paso
por la luz que riela las ciudades y los bosques.
Silba el áspid la canción del huésped sumergido.
Esos cuerpos desnudos desafían al tiempo
dando tumbos por el jardín sin sombra, precarios.
Adentro están el conspirador, la conspiradora y sus pezuñas.



¿Pero hay más sangre, más ebriedad de sangre
en el desposeído?
Dicen que existir será la lepra.
¿Cómo?
¿Están crucificando al que aún no engendraste?



Manuel Lozano
Marruecos, Fez, 1998



-Este texto, perteneciente al libro "Bizancio bajo las aguas", de Manuel Lozano, inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", Ciclo "Grandes Creadores Argentinos: Homenaje a Isabel Sarli", correspondiente al 15-IV-2010)


Manuel Lozano, por Dominique Destraud - (Barcelona, 2007)

 

 

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