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Llegas a la casa del dolor, aun habiéndola ignorado,
con los brazos abiertos en súplica de cruz sanguinolenta
a las mentiras de dios o del demonio.
Han de caer las palabras como el trueno,
las brillantes, las hostiles, despojadas, miserables
en el corazón que sufre y no pronuncia.
Hubieron sido escritas para el banquete de una noche sola
en que vuelve la vida a hacerse inmensa
bajo un sol invisible,
allí donde cantar es una ceremonia admirable.
El grito cava un pozo para tantos colmillos
que no deben ser desenterrados por ningún visitante.
A mi sombra la extienden como un mapa del sudario
que envejece a quien lo mira.
Continuamente me beben y no hay reposo.
Me comen y soy las tripas y menos quizás.
El hambre aúlla, no canta.
¿Dónde el frío?
Este frío aúlla, no canta de la mansión el balbuceo.
¿Dónde el hambre?
El hambre y el frío borran con su música perdida
la piel del que se va.
Manuel Lozano
París, 2009
(Este poema inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-", edición temática: "La imaginación acosada: heterógrafos de la memoria -Villiers d´isle Adam, León Bloy, Marcel Schwob, Borges y Macedonio Fernández", parte I, del 13-V-2010)
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Villiers d´isle Adam - (Fuente: Enciclopedya Britannica, 2010) |
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