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Aparecí en el alba que nadie pronuncia, que nadie cuida,
debajo de un fresno
con sus muertos colgantes y amarillos.
Canté.
Canté para ahogar el terror,
canté para mí misma
la elegancia de un mundo que huía
y que temblaba.
Supe de quien corrió entre las tumbas:
era tu niña del despojo.
Entonces, ocurrió el prodigio.
Aprendí a beber el sol
que nace de los vasos vacíos.
Manuel Lozano
Buenos Aires, mayo de 2010
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"Retrato de Lena Horne" |
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