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ANCIANO DE LOS DÍAS


...uno de los ancianos me preguntó: “¿Quiénes son éstos que están vestidos de blanco, y de dónde...?” Apocalipsis, 7.13

La última langosta habrá salido del humo
cuando el ataúd quede abierto
a la vista de todos.
No consolemos a nadie.


La montaña de basura subió hasta el cielo,
¿pero dónde el cielo?
La ciudad (mis queridos, antiguos discípulos),
es hoy asilo de lunáticos
y el hambre merodea como loba en celo:
cirial encendido entre las cuevas.


Ya no afirmo.
La resignación apesta.
Tampoco examina mi lengua los cuerpos enfermos.
Me arresto a la secreta visión:
aguijoneado,
irme por la canaleta sin cerrar la herida,
entrar en la profanación de las tigras.


Reconozco su sangre.
¿Qué pienso hacer entonces?
Linternas, armas y hachas se suceden ante estos ojos.


MANUEL LOZANO
Praga, 2001


(Este poema inauguró El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-, edición temática "Zigmunt Bauman y las impermanencias feroces de la modernidad líquida -III-", del 8-VII-2010-Derechos registrados)


Manuel Lozano, por Pía Paz Quintana (2009)

 

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