Jamás
la gracia revelaría su futuro
enaltecido
por la criatura que vaga sin cesar entre los
álamos.
Los alimentos del poder -aquí- no se
encuentran.
Estaba fuera de la pesadilla:
me carcomía a oscuras, me prometía
prodigios
con el viento insistente contra el
ataúd.
Lejos, como el último tigre de
Bengala,
pudo aniquilarse,
pero no.
Un celebrante pidió los restos.
¿Y la multiplicación en el fin de las juglarías
del verano, a mi antojo, sin heridas?
El fastidioso alarido me arranca
de las bocas de insomnio
la recompensa de una piel helada.
¡Las ves, las ves, las ves
en el banquete de la sola noche
sangrante!
Antes de enmudecer, debí ponerle un nombre.
Manuel Lozano
Manhattan, 2005
(Este texto inauguró "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", edición temática: "Del Arte como forma lustral de Celebración del Mundo -I- Walt Whitman, T. S. Eliot, Archibald Mc Leish, Norah Lange, Oliverio Girondo, Enrique Molina y Manuel Mujica Láinez", del 15-VII-2010)