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MAR DE SARGAZOS

a Nelson Jiménez Vivero

¿Y de qué lado de luz el colibrí mutaría en águila,
el águila en bisonte blanco,
el blanco bisonte hacia un olivo?
¿Pero qué exorcismos vuelven a la áspera colina
de la gracia tan leve?
Mercancías dispersas entre pilares rotos:
la espera sobre el barro es una gruta sin bordes.

  

Adentro nada entibiaría su llanto,
aunque emigraras con tu escalofrío
hasta los lechos donde el amor vierte nacimiento.
Que no se escape el azar. 

 

Encerrado en cristales,
el cuerpo se petrificaba.
¿Cuánto hermoso no duerme con flores y gusanos?
La noche abacial arrastra una víspera.
Te internaste en el reino. 

 

Los encajes eran sílabas con olor a azucenas
en el áncora sin bordes de la memoria.
¡Guárdame núbil sudario, me dijiste.
Extiéndeme en las crines de las ramas huecas,
y alúmbrame ahora!
No caigas con tus trapos de Andrómeda
sobre la mordedura en que me hamacas. 

 

(¿Cómo invocar otro sol líquido
centelleando apenas desde el manantial
del asco, y sin saberlo?)
La hendija de la puerta ha mirado
la  incalculable disolución de tu raza.

  

Clávate al fin los dientes del delirio.
El nacimiento es de los otros.
¡Derróchate musgo, estrías, incisiones
de mi letra que dan vida a tu vida!
Ya hierve el iris de esa perra.
Ya se desgarra.

 

 

Manuel Lozano 
La Habana, 2001-Buenos Aires, 2010 

(Este poema, que inaugurara la edición de "El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor", del 7-X-2010)

Manuel Lozano, por Dominique Destraud

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