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RAÍZ

Para María Elena Walsh


Si lo cantas, enciendes por fin
los ríos de esta sangre en la sequía.
Si lo gritas,
caen las telarañas de la inútil alcoba.
¡Luz casa relámpago noche:
mádreme, pádreme, sé la hermana furiosa de ternura!
Ahora que llueve sobre el campo
puedo invocar las frutas del verano,
las cordiales ciruelas, los damascos,
las sandías del exceso y el rocío alboreante
en las espigas.
¿Y qué sudor de recuerdos no me lleva a esa ventana
aluvional y certera de mi llanto?
(Las zurcidoras de muerte, las rabiosas,
huyen del panal.)
Desvalidos llegan los trenes, sin apuro,
como la hiedra que se trepa a la columna.
El canto indomable adora ser canto.
El pájaro adivina la herida y la transforma.
¿Quién debe bajar, quién debe subir,
quién debe redimirse?
El hambre no acumula monarquías.
Suntuosa soledad (reina de mi sobreviviente),
yo te busqué en las playas
sin orillas del país estrangulado.
La traición clavaba sus agujas,
arqueaba -aviesamente- sus muecas de payasa
en las provincias del crimen,
en las perfectas capitales del horror.
¿Qué sublime siembra me esperó
detrás de los escombros?La infancia,
la crisálida venciendo toda herrumbre.
¿Qué cosecha reunió a los hijos de tu idioma?
La canción,
juglaresa y mar viviente con boca de cigarra.
Brilla el cuarzo.
Brilla el deseo contra fauces, contra verdugos.
Brilla el manantial.
Negro racimo de uvas con exactitud de contornos
azula tu boca dorándose al sol.
Ya soñé la arboleda y su flor escandalosa,
ya combatí la enlutada injusticia. 
Toco mi corazón abierto con las manos, mis manos, tus manos.
Veo sus ojos
nadando como cisne en una lágrima
jamás atardecida de este mundo.
Y hay amor.


Manuel Lozano
Villa Santa Lucía de Syracusa, enero de 2011

"María Elena Walsh, a los 17 años, en el tiempo de Otoño Imperdonable" - (Foto de Grete Stern, 1947)

 

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