Lapidación y orgía vuelan por las lajas:
es un perfecto amor
para lamer entre las cúpulas.
Llueve la vid en las ventanas.
La higuera canta su desprecio por la flor visible.
¿Vamos a despreciar la leche y la miel
de los días banales?
¡El arbitrio, el rapto, los desquicios!
¡El saltamontes disfrazado
de cuervo entre cipreses!
¿Esas piernas fueron labradas por el oro de Siria?
¿Qué revela la mínima magnificencia
de escuadrones y tigras
por detrás de los muros,
endurecidos como ladrillos
a punto de estallar
viniendo ahora aguijón de mis desvelos?
Descendí a los jardines,
allí donde tu madre, la rabiosa,
fuera deshecha
como roída columna
bajo el martillo del idiota.
(Cuatro infinitos veo
rotando en la esfera
vestigial de las antífrasis.
La pedrería llora también en su majada.)
Si acaso vieras el resquicio,
¿qué boca no te embriagaría?
Manuel Lozano
Roma, 2007
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"La Casa Dorada de Nerón" - (Foto de Manuel Lozano, 2007) |