Si se rasgara el velo nuevamente,
no podrías decir el terror en un mirlo
ni la luz maniatada en la costumbre.
¿Qué cartílagos comió de la crisálida
hacia el final,
hacia la linde del hambre,
la irisada impostora?
Miré por las ventanas
mi ausencia de vocablo, el casi silencio
que precede a las cunas oscuras.
El silencio iza y encabrita,
pero la sangre inclina todas tus edades
al vértice exacto del crimen.
Noche de los pantanos, noche giratoria
en que tu cuerpo coagulado
guarda el hirviente mar de los principios.
¿Desde cuándo fuiste piedra (de ingobernable estigma),
de estrambres despreciados a ras del muladar?
Una rosa tallaba la zozobra.
La sangre me lloraba todo el cuerpo
con la rabia enloquecida que hiende y transfigura.
MANUEL LOZANO
Bayona, España, 2009
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"Nuestra Señora de la Roca" - (Foto colección de Manuel Lozano, Bayona, 2009) |